Por Mundoagro.cl el 21 septiembre, 2019

Aciertos en terreno

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La Vendimia 2019 en Chile, concluida ya hace un par de meses, se ha caracterizado por diferentes elementos que permiten definirla y evaluarla tanto en el corto como en el largo plazo. Comparado con las dos temporadas anteriores, los rendimientos fueron menores, pero se ajustan a los volúmenes históricos de cada viñedo. Cualitativamente también hay aspectos destacados que aparecen al mirar en detalle los distintos valles y variedades. Y finalmente se puede definir como una vendimia muy técnica, donde el trabajo de los equipos agrícolas fue lo que generó importantes diferencias entre un viñedo y otro al momento de enfrentar los numerosos desafíos de la temporada.

EL IMPACTO DEL CLIMA

Desde el punto de vista climático hubo una serie de antecedentes preliminares que entregan un contexto agroclimatológico que permite entender la temporada. Continúa presente la mega sequía que ha afectado al país durante la última década, especialmente a la zona central. Esto ha generado que se mantengan déficits hídricos históricos, lo que se ha conjugado con la entrada del fenómeno de El Niño y el aumento de las temperaturas máximas.

En un análisis de corto plazo, la primavera al ser menos intensa fue positiva al disminuir en algo este déficit. De todas maneras, la situación se percibe como severa o extrema en la zona comprendida entre Santiago y Concepción en el largo plazo, siendo leve pero aun así preocupante en las demás regiones. Lo anterior se ve corroborado por los menores caudales hidrológicos (muy por debajo de sus registros históricos) y el déficit reportado en los embalses a principios de este año.

La ya mencionada primavera menos intensa trajo consigo lluvias que generaron un desfase entre la sequía meteorológica y la condición vegetativa percibida en los distintos valles. Esto fue positivo ya que permitió enfrentar de mejor manera las olas de calor de mediados de verano, lo que no quiere decir que hayan sido menos preocupantes o libres de consecuencias en viñedos de valles de las regiones de Coquimbo y Valparaíso.

Revisando con más detalle el Fenómeno del Niño podemos ver que la fase cálida se manifestó en un aumento de la temperatura de las aguas del Pacífico, tendencia que se extendió al otoño y presumiblemente llegaría al invierno. De manera más concreta el fenómeno trajo consigo un otoño más bien seco, el cual es un aspecto bien evaluado por las viñas puesto que favorece la oportunidad de cosecha y el buen estado sanitario de las uvas en la última etapa de madurez.

Ante la amenaza de aires marinos más húmedos, los equipos técnicos tomaron las previsiones del caso evitando consecuencias debido a posibles ataques fúngicos, especialmente en algunas zonas con variedades más sensibles. La intensidad del fenómeno que se esperaba no fue tal y por ende se gozó de una cosecha sin lluvias poco oportunas.

Así es como en términos generales la temporada comenzó con una primavera fría con el consecuente retraso inicial en el desarrollo fenológico de la viña. Esto se aprecio principalmente en cultivares tintos donde este retraso llegó hasta las dos semanas. La condición de heterogeneidad se extendió al periodo de pinta, donde se apreciaban diferentes estados de avance dentro de un mismo viñedo.

A fines de enero y principios de febrero las temperaturas sufrieron una importante alza, llegando incluso a superar los 40°C. Este hecho trajo consigo aspectos positivos como la homogenización en el desarrollo de los racimos, además de un estrés moderado de las viñas y recuperación de días respecto al retraso inicial de la temporada. En las zonas costeras, si bien también se apreció esta ola de calor, la amplitud térmica fue especialmente positiva para el desarrollo de compuestos aromáticos y una madurez homogénea de los racimos.

Las heladas fueron más localizadas en algunas zonas de determinados valles. Es así como en ciertas áreas de Ñuble y Biobío al sur, la ocurrencia de heladas redujo la producción y retrasó el desarrollo de las parras.

SANIDAD Y RENDIMIENTOS

Sanitariamente, si bien hay excepciones, la temporada es bien evaluada con un correcto control de hongos y plagas. Esto no quiere decir que la presión haya sido baja, sino que la acción y reacción de los equipos agrícolas fue la adecuada para evitar daños que pudieran marcar la temporada.

Los rendimientos variaron de zona en zona y de variedad en variedad, como consecuencias de una serie de aspectos que no afectaron de manera generalizada al país; vale decir, no hay un factor que atraviese todas las evaluaciones productivas. De esta manera la apreciación fue evolucionando durante la temporada, pasando de una proyección similar a la de años anteriores a rendimientos que cerraron en muchas zonas a la baja.

La sequía, la ola de calor del verano, el menor peso de racimo y el propio autobalance de la planta luego de dos años muy productivos, se señalan como algunos de los principales motivos en aquellas áreas con mermas en su producción. Esta merma no sólo debe considerarse frente al promedio histórico o un año “normal”, sino que a la proyección de cada viñedo al inicio de la temporada.

AVANCE DE LA MECANIZACIÓN

Respecto a la mecanización del viñedo, esta continúa su avance, especialmente en el Valle Central, donde puede superar el 90% en la zona entre cordilleras. Esta ha sido una reacción sostenida en la última década frente a los problemas generados por la poca disponibilidad de mano de obra y su costo. Es tanto el avance en algunas zonas de la cosecha mecánica que este año se señala la poca disponibilidad de máquinas en algunos valles durante el clímax de la vendimia, como uno de los problemas que generó dificultades logísticas para cumplir con el momento de cosecha deseado.

Otro aspecto relacionado a la mecanización del viñedo es el control de malezas, el cual ha manifestado un retroceso en el uso de métodos químicos en favor de métodos físicos. Lo anterior va de la mano de una concepción más sustentable en la vitivinicultura nacional, que protege la biodiversidad y se realiza de forma integral a lo largo del año.

DE BUENA CALIDAD

Del punto de vista cualitativo la evaluación es a todas luces positiva, con matices por zonas y variedades, las cuales se aprecian en los siguientes aspectos.

  • Calidad global buena o muy buena, considerando la zona vitivinícola de Chile como un todo en términos generales.
  • Expresión aromática más austera pero de buena calidad, destacándose un carácter fresco, frutal y más complejo en el caso de vinos de alta gama.
  • La ola de calor generó con centración de bayas por deshidratación y golpes de sol. Esto en el caso de los blancos afectó en parte su perfil aromático, pero en el caso de las variedades tintas generó vinos concentrados, de buena acidez total y gran potencia.
  • Respecto a la acidez, si bien se reportan sectores con menor acidez total y mayor pH, este no fue un aspecto generalizado dentro del país. Aquellos viñedos que pudieron enfrentar el estrés hídrico de manera oportuna, eficiente y adecuada, lograron completar su madurez apropiadamente y por ende evitar desbalances en los diferentes componentes de la uva.
  • El buen estado sanitario de las uvas y la ya comentada ausencia de lluvias en vendimia favoreció la oportunidad de cosecha, lográndose la madurez enológica deseada en la mayoría de los casos.
  • Sin embargo, no se puede dejar de poner atención sobre la avispa Chaqueta Amarilla que ha ido de a poco avanzando por el territorio, afectando los viñedos en sus últimas etapas de desarrollo previo a la cosecha y, por ende, su calidad global.

Existen a su vez aspectos extra vitícolas que también caracterizaron la temporada. A elementos como el costo y disponibilidad de mano de obra y, en especial, el bajo precio de la uva que afectó a muchos productores, se suman aspectos ya mencionados en años anteriores como el control de Lobesia botrana, la con
vivencia con nemátodos en algunos valles o el avance de enfermedades de la madera en viñedos menores a veinte años.

TEMPORADA MÁS VITÍCOLA

Como se mencionó al principio, esta se puede considerar una vendimia muy vitícola en contraposición a la del 2016, que se apreció como muy enológica. Para ejemplificar este hecho podemos tomar la sequía, ya que en viñedos dentro de un mismo valle y frente a una misma variedad se aplicaron estrategias diferentes con la consecuente diferencia en sus resultados.

Esto no sólo guarda relación con la disponibilidad de agua u oportunidad de riego, sino con una estrategia más integral y de largo plazo que busca viñedos naturalmente balanceados, capaces de enfrentar los diferentes fenómenos que se manifiestan cada año y donde los equipos técnicos de cada viña entregan permanentemente las herramientas necesarias para enfrentar estas vicisitudes de manera exitosa.

De esta manera cerramos una vendimia positiva en cuanto a la calidad, con diferencias en cuanto a los rendimientos y con una serie de desafíos en lo técnico, climático, logístico y económico que determinarán un éxito estable en el tiempo, generalizado y horizontal para el medio vitivinícola chileno.

Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile – ANIAE

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